Los medios comunitarios, alternativos y contrahegemónicos en la transición política argentina

Luego de doce años de kirchnerismo con el triunfo del PRO en las elecciones presidenciales, se abre una nueva etapa para los medios populares y alternativos. Sostener las conquistas logradas y avanzar en lo que falta. El debate sobre los medios dentro del campo popular y la elaboración de una agenda independiente. Algunos desafíos en ciernes: medios de masas, multimediales, financiemiento, elaboración de contenidos, integración internacional y replanteo de la audiencia. Aportes a una nueva subjetividad por fuera de la lógica mercantil y de consumo.


Este artículo no tiene pretensiones ni de balance, ni de análisis de la reciente actualidad de los medios comunitarios, alternativos y contahegemónicos, esos artículos abundan y circulan por Internet y las redes, hay análisis académicos interesantes y muy bien documentados de especialistas como Natalia Vinelli, Martín Becerra y otros.

Intentamos más bien, pensar desde un punto de vista del panorama de incertidumbre general en que nos ha sumido el triunfo cómo opción política de lo que tal vez sea el primer gobierno de derecha (con una base de masas, un programa de derecha en lo político, de libre mercado en lo económico y de subordinación al eje EE.UU. – Israel en cuanto a política exterior), en triunfar por la vía democrática burguesa en la historia de nuestro país.

Ello sin olvidar que antes de las PASO (Primarias abiertas, simultaneas y obligatorias), el voto a los partidos patronales con opciones conservadoras y de ajuste fue sin dudas mayoritario, no obstante reconociendo en parte del electorado atribuible al kirchnerismo un voto en opción de continuidad respecto de demandas populares semisatisfechas de carácter progresista, fundamentalmente en los planos culturales y político, lo que configura sin dudas un escenario poco favorable para la concreción y/o avance de opciones definidamente populares en el mediano plazo.

Tomar nota que el contexto de discusión pública y generalizada sobre el periodismo, los periodistas y los medios de comunicación en general, fue uno de los elementos que seguramente se recuerden como rasgo definitorio del pasado reciente en Argentina, aunque esperemos que encuentre con otros rasgos y en otros niveles como una dimensión presente en las discusiones del futuro cercano al menos entre las organizaciones y movimientos que aspiran a construir otro escenario político para los años venideros.

Con respecto a esto último hay que observar que si bien se generó una tematización de la problemática de los medios, no existió una discusión profunda que lograra traspasar la lógica dicotómica entre un periodismo que se reconocía como militante pero que logró acercar la definición de militante cómo sinónimo de “adepto al gobierno”, vaciando en un solo movimiento dos nociones políticas fundamentales; por un lado la de militante, que entonces se vio empobrecida en la función de hacer exégesis de una línea política bajada desde la presidencia kirchnerista sin discusión alguna pero además reduciendo el concepto a esa dimensión que otrora tenía más que ver con el rol del simpatizante político que con el del hombre y la mujer que discute y construye en el espacio en que le toca, desde el lugar de trabajo hasta la estructura partidaria orgánica.

La otro opción vaciada de contenido en éste nivel de discusión sin duda fue la de periodista, ya que al rol de exégeta del oficialismo se le oponía uno de una independencia de criterios a todas luces inexistente, que patentizaba un concepto positivista de verdad cómo el hecho relatado, transparente, único e inmutable y que además se presentaba inmerso en grandes estructuras empresarias comerciales de cuyos empleados, cómo tan lucidamente señalara alguna vez Noam Chomsky, no era esperable siquiera tener que ejercer censura de algún tipo, dadas su trayectoria y pertenencia subjetiva y muchas veces objetiva, a las clases que poseen dichos medios y cuyos valores, representan.

Mientras tanto en los medios populares, las discusiones de carácter más profundo se continuaron produciendo y fomentando de cara a sus comunidades y audiencias, pero hay que decir que rara vez logró trascender al espacio de discusión más amplio y si alguna vez lo hizo, pocas logró evitar ser tergiversado. Tanto es así, que aún experiencias comunitarias o alternativas de clara oposición al sistema, eran señaladas por las subjetividades más empresarializadas como “medios K” englobando así en un mismo conjunto a la gran empresa favorecida y alimentada por la pauta oficial y al pequeño colectivo militante con un trabajo de inserción barrial.

No obstante en estos años muchos de los pequeños medios populares se abocaron a militar en torno al espacio de posibilidades que abriera la Ley de Medios, con enormes falencias y lentitud en su implementación, pero al menos capaz de permitir alcanzar dos cuestiones fundamentales en lo que hace a su fortalecimiento y existencia. En lo que tiene que ver con algún tipo de reconocimiento oficial para su funcionamiento, lo que evitaría persecuciones, desalojos y decomisos de equipos tan frecuentes hace no muchos años, que implicaron las más de las veces un golpe tan duro para las organizaciones populares que implicaban un cierre definitivo, con el beneficio concomitante de aspirar a algún tipo de fomento económico, cómo lo reciben la gran mayoría del resto de las actividades artísticas y productivas que se sostienen en nuestro país. Y por otro lado, el de alcanzar algún tipo de legitimidad en el uso del espectro radioeléctrico que sabemos es un recurso público pero finito y por lo tanto objeto de disputa en lo que a su distribución se refiere.

Retomando entonces los párrafos iniciales, quisiera salir del lugar común de que toda gran crisis en ciernes abre una oportunidad y consideraciones similares. Solo quisiera plantear, que sea cual fuera el suelo en que nos encontremos (algunos medios y organizaciones han podido avanzar y asegurarse un nuevo piso, otras no lo lograron pero se fortalecieron en la lucha), la necesidad política de nuestro pueblo de hacer sustantiva y masiva una discusión que permita hacer lugar en lo público otro tipo de subjetividad que la del consumidor de opciones patronales empresarias, que le permita poner en agenda sus necesidades e intereses, se torna impostergable y de carácter prioritario.

En éste sentido quienes formamos parte de la militancia popular organizada debemos comprender que es en estos medios en donde debemos centrar nuestros esfuerzos desbordando radicalmente la lógica cerrada de la prensa de propaganda partidaria dirigida a los adeptos y las construcciones intelectualizadas o “de teoría” dirigidas a la profundización y debate de los propios, comprendiendo que éstas son instancias necesarias pero que están demasiado lejos de ser suficientes. Debemos entender que nos hayamos frente a una encrucijada que nos plantea desafíos en todos los planos y que augura fuertes embates contra los trabajadores y el pueblo en su conjunto.

Es por ello que la necesidad de discutir, pensar, rediscutir y repensar un balance político de la década pasada es tan indispensable como mantener una atención permanente en cada una de las pequeñas y grandes luchas y reivindicaciones cotidianas que surgen en el seno de nuestro pueblo a la par de que vamos delineando los cursos de acción a seguir que no podrán dejar de tener cómo principios rectores la unidad de las y los oprimidos y la solidaridad de clase, pero que, y esto es fundamental, no deberá perder la oportunidad de hacerlo con sus propias herramientas de comunicación lejanas de las lógicas comerciales y los lineamientos culturales del mercado pero también extrañas a esas mismas lógicas que atraviesan a los partidos patronales en virtud de su lógica de acumulación política subordinada a una dinámica de mercado electoral (y electoral de mercado) que es la que garantiza justamente su alejamiento de las discusiones y programas políticos y su acercamiento a vacíos eslóganes instrumentados por esa ciencia de la subjetividad consumista denominada marketing.

Ahora bien, comprender la necesidad de contar con estas herramientas no dice demasiado sobre ellas. Debemos pensar en cómo deben ser de cara al futuro, más allá de las definiciones políticas que adoptemos, hay una serie de lineamientos que debieran ser comunes a los distintos sectores populares al menos los que tengan vocación de transformación social allende los límites de sus propias prácticas.

Las grandes corporaciones mediáticas son por lo general grandes transnacionales que cuentan con medios económicos y mecanismos políticos y “de gestión” para garantizarse enormes audiencias por lo general transnacionalizadas, funcionando muchas veces con una dinámica de “información cartelizada” que no es más que mera propaganda facciosa. En lo que atañe a nuestra región la información se encuentra atada a los intereses del imperialismo yankee e israelí o en el mejor de los casos, existe una permanente presión para introducir las producciones culturales elaboradas en el corazón del imperio para consumo internacional, es decir un mero vehículo para el colonialismo cultural.

Es indispensable comprender que el tiempo que le dedican las clases populares al consumo de medios ya sea por información o entretenimiento es finito y está atado al tipo y tasa de explotación económica sobre la mano de obra en cada región. Cuando se produce comunicación alternativa se está disputando ese tiempo, y ese tiempo significa, no sólo la oportunidad de la interpelación política sino también y cuando se trata de arte, cultura o entretenimiento la posibilidad de disputar en favor de esas clases populares el capital económico que ese colonialismo cultural busca obtener (una verdadera extracción indirecta de plusvalía) a través de las industrias culturales transnacionales. Por supuesto que el caso es análogo para las producciones nacionales meramente mercantiles aunque en esos casos al menos podemos esperar que parte de los capitales objeto de disputa generen fuentes de trabajo local.

Los medios populares deberían aspirar a ser “de masas”

Analizando en éstos términos el sentido general de la disputa no podemos más que comprender la necesidad de agotar los diferentes mecanismos que permitan incrementar el alcance en cuanto a audiencias de nuestros medios populares. Explotar al máximo Internet y las redes sociales, generar y mantener coordinaciones, intercambios y redes que permitan la máxima circulación de los materiales sin dejar de intentar cómo objetivo una coordinación tendiente a la unidad que le dé otro piso, otras capacidades y otra entidad a la lucha mediática en curso. Cómo ejemplo, qué cientos de pequeños medios locales pudieran confluir hacia la elaboración de un único gran medio nacional debiera ser un objetivo a plantearse en términos de crecimiento y fortalecimiento de las organizaciones populares. Dar la pelea logrando un reconocimiento especial a la figura de los comunitarios ya que no es lo mismo una radio de la villa que una fundación del Grupo Perfil por caso. En cuanto a lo audiovisual luchar por hacer valer las aristas más progresivas de las leyes vigentes que permitan hacer el uso del espectro que por ser público nos asiste por derecho, pero que al ser finito es inevitable objeto de regulaciones. Dar la lucha por intervenir en esa regulación del espectro, para los medios comunitarios en tanto sector puede ser un objetivo a futuro. Que las organizaciones populares intervengan en la construcción de las políticas que les atañen con intervenciones cada vez más directas debiera ser un objetivo general para los sectores populares.

Los medios populares deberían poder ser “multimediales”

El relativo abaratamiento de los costos tecnológicos y la confluencia entre las distintas experiencias debiera poder dar como resultado una planificación multimedia y multiplataforma que permita una expansión de la oportunidad de contacto con la audiencia. Hoy son muchos los medios que producen material sonoro y audiovisual y luego des-graban para hacer circular material escrito, tanto como los medios que entrevistan o realizan crónicas para medio gráfico llevando un registro audiovisual que luego utilizan en otras plataformas. Debiera a tenderse a qué esto fuera así en todos los casos posibles si bien es comprensible lograr una mayor “densidad” y “calidad” teniendo una disciplina como central, no obstante esto mismo puede lograrse por asociaciones y redes de trabajo y es muy importante en tanto que los diferentes soportes están asociados a diferentes públicos.

Los medios populares deben abordar con amplitud su sostenibilidad financiera

Las decisiones respecto de si utilizar publicidad privada y mecanismos de fomento estatales son propias y legítimas de cada colectivo militante. Pero aun así, un medio que aspire a intervenir en la lucha por la subjetividad de su época debe intentar sostener esa lucha en el tiempo. Es comprensible que en un país eminentemente agrario y dependiente ramas enteras de actividad estén subsidiadas y/o alcanzadas por distintos tipos y niveles de fomento, y esto es una posición personal, ese dinero público debe ser demandado por las organizaciones populares y reutilizado para sus fines (que no son de lucro) sometiéndose a las garantías de transparencia que ello implique dado que todo espacio que no se ocupe será ocupado por alguien más, y debiéramos preferir que parte del producto del trabajo social que capta el Estado sea destinado a las organizaciones populares y la economía social antes que a las organizaciones capitalistas por mucho “trabajo” que éstas “generen” o a las instituciones de los sectores dominantes. Por supuesto que esto no debe implicar compromisos de ninguna índole, fuera de la discusión sobre el modo de financiamiento lo importante es pensarlas como unidades productivas autogestivas mas entre otras experiencias de autogestión del trabajo con las cuales hay un sinnúmero de puntos de contacto y perspectivas de lucha de conjunto en tanto gérmenes de las instituciones correspondientes a los nuevos tipos de subjetividad que buscamos.

Los medios populares deben intentar ser Nacionales, Regionales e Internacionales

Esto no es más que una consecuencia de lo antedicho, pero impregnado de una visión estratégica de lucha que nos indica que el fortalecimiento de las relaciones cercanas, de lo local hacia lo más amplio, nos permitirá un fortalecimiento gradual pero efectivo en cada etapa, amén de permitir intentar una contrahegemonía en cuanto a las agendas políticas de las corporaciones mediáticas y/o gobiernos y sus organismos regionales que afectan a los pueblos en conjunto. El establecimiento de lazos, los intercambios, asambleas y congresos para la puesta en común de experiencias deben ser una prioridad en los esfuerzos ya que de ellos se derivan los acuerdos para coordinaciones sólidas y efectivas. La coproducción popular debe ser un punto a tener en cuenta ya que fortalece a las organizaciones llevar adelante proyectos que atraviesen sus propios límites organizacionales.

Los medios populares debieran garantizar “contenidos”

El único pecado que no debe cometer un medio de comunicación popular es sobredimensionar sus posibilidades, especialmente los sonoros y audiovisuales, ya que un medio gráfico en todo caso puede redefinir su periodicidad, pero un medio sonoro o audiovisual con baches en su “aire” es difícil de seguir. Si se es un medio de comunicación es porque se cuenta con la posibilidad de coordinar y vehiculizar una producción de contenidos extensa y variada, lo que por lo general implica una buena cantidad de involucrados ya sea propios del medio o tejiendo alianzas con otros grupos que los produzcan. Si el nivel de producción alcanzado es para unas pocas horas semanales hay que replantearse si no conviene conformarse como una productora alternativa que brinde ese material a otros medios con mayores posibilidades en cuanto a contenidos o insertarse o vincularse a otra experiencia. Por supuesto que esto no vale para las experiencias que recién se inician que irán experimentando hasta alcanzar su forma, pero comprendiendo que el espectro es finito y que las audiencias esperan encontrar de un medio la permanencia “en el aire” o al menos una previsibilidad razonable en cuanto a horarios de transmisión y demás, no resulta conveniente despertar expectativas que no pueden cumplirse.

Los medios populares debieran aspirar a no tener “audiencia”

Aunque esto último suene paradójico todos somos audiencia en algún momento, pero el sentido de la frase pretende indicar una visión del “para quién” que intente trascender la visión pasiva o falsamente activa que fomentan los medios comerciales tradicionales. Los medios populares deben buscar confundir audiencia y protagonista, deben reclamar a su público la participación en el propio medio, deben estar abiertos a comunicar sus saberes para la germinación otros medios y experiencias de comunicación popular, deben ser en síntesis motores fácticos y no sólo ideológicos de la nueva subjetividad buscada.

José E. Cordeiro, miembro de Barricada TV

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s